La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn son patologías inflamatorias intestinales crónicas que afectan en España a más de 360.000 personas. A pesar de su incidencia, siguen siendo enfermedades poco visibles, como explica Paula Fernández, una joven murciana de 23 años diagnosticada con colitis ulcerosa desde los 16.
Paula cuenta que la enfermedad le fue detectada “muy rápido”, aunque reconoce que muchos pacientes pasan años sin diagnóstico por la confusión con otras dolencias. En su caso, los síntomas más limitantes fueron el dolor abdominal, el sangrado y la urgencia defecatoria, que durante los brotes podía obligarla a ir al baño hasta 30 veces al día.
A esa dificultad se sumó la adolescencia: “Llegué a un instituto nuevo, llevaba pañal y sólo tres personas lo sabían. Era muy vergonzoso”, recuerda. Durante años evitó salir de casa y ocultó su enfermedad por miedo a la incomprensión: “Desde fuera no parece que te pase nada, y pensaba que los profesores creerían que fingía”.
Hoy se encuentra estable gracias al tratamiento, aunque asume que su situación puede cambiar en cualquier momento. “Si el tratamiento deja de hacer efecto, mi vida daría un giro de 360 grados”, reconoce. Aun así, afronta la enfermedad con humor y fortaleza: “He tenido que hacerme encima en un coche o en un autobús, pero me lo tomo con naturalidad; es mi día a día”.
Paula forma parte de la Asociación de Enfermos de Crohn y Colitis Ulcerosa (ACU), que lucha por dar visibilidad a estas patologías. Se emociona al hablar de la falta de recursos y del aislamiento que sufren muchos pacientes: “Me da pena la gente que empieza y no sabe cómo gestionarlo. Ojalá esta entrevista sirva para que se animen a pedir ayuda y se unan a la asociación”.