El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha presentado un nuevo mapa digital que refleja la evolución del Mar Menor durante los últimos diez años. El trabajo, liderado por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC), combina herramientas de Inteligencia Artificial con imágenes del satélite Sentinel-2 para analizar con alta precisión la calidad del agua de la laguna salada murciana.
El estudio, publicado en la revista Journal of Hydrology, ha permitido detectar las zonas más afectadas del ecosistema, estudiar sus patrones ambientales y seguir la evolución de episodios críticos registrados entre julio de 2015 y junio de 2024.
La Rambla del Albujón, entre los puntos más deteriorados
Entre las áreas con mayor deterioro destaca la Rambla del Albujón, cauce que desemboca en el Mar Menor entre Los Alcázares y El Algar, y que se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada de nutrientes al ecosistema.
Para elaborar el análisis, los investigadores monitorizaron dos indicadores clave: la clorofila-a, que mide la presencia de algas, y la turbidez, relacionada con la cantidad de materia en suspensión en el agua. Valores elevados de ambos parámetros suelen asociarse a procesos de eutrofización y pérdida de oxígeno.
Episodios extremos y nuevo equilibrio
El trabajo también relaciona anomalías detectadas con crisis ambientales sufridas por la laguna, como las conocidas “sopas verdes” de 2016 y 2017, la DANA de 2019 y otros episodios posteriores. Según los científicos, estos eventos alteraron de forma notable la dinámica del ecosistema.
Uno de los principales hallazgos es la detección de un cambio hacia un nuevo estado de equilibrio en los últimos años, reflejado en una aparente estabilización de los valores analizados. Sin embargo, los expertos advierten de que esa estabilidad no supone una recuperación del Mar Menor, sino una transformación en su funcionamiento ecológico.
Herramienta útil para la gestión ambiental
La investigadora Isabel Caballero, responsable del estudio, subraya que estas herramientas permiten disponer de información continua y actualizada sobre los cambios que experimentan las zonas costeras, facilitando la toma de decisiones y el diseño de medidas de adaptación frente al cambio global.
Además, esta metodología permitiría optimizar la ubicación de estaciones de muestreo, reducir costes y mejorar el seguimiento ambiental del Mar Menor con una resolución de hasta 10 metros.