Carlos Alcaraz arrancó el año con una victoria de prestigio ante Jannik Sinner en el partido de exhibición disputado en Corea del Sur, un duelo que, pese a no tener carácter oficial, dejó lecturas claras sobre su estado de forma y, sobre todo, sobre el inicio de una nueva etapa profesional. El murciano se impuso en dos sets en un encuentro competido y de alto nivel que sirvió como antesala al Open de Australia.
El choque tuvo además un componente simbólico añadido: fue el primer partido de Alcaraz con Samuel López como entrenador, después de cerrar su etapa junto a Juan Carlos Ferrero, una de las alianzas más exitosas del tenis español reciente. En la pista se vio a un Alcaraz reconocible en intensidad y ambición, pero también atento a matices nuevos en su juego y en la gestión de los momentos clave.
El partido, celebrado ante un recinto lleno y con ambiente de gran cita, enfrentó a dos jugadores llamados a marcar el ritmo del circuito esta temporada. El español mostró solidez con su servicio, agresividad desde el fondo de pista y una notable capacidad para cerrar los puntos importantes, especialmente en el segundo set, resuelto en el desempate.
Más allá del resultado, el duelo permitió comprobar que Alcaraz llega a la gran cita australiana con buenas sensaciones y confianza renovada. Sinner también dejó destellos de su habitual consistencia, confirmando que la rivalidad entre ambos seguirá siendo uno de los grandes focos de atención del curso.
Sin puntos en juego, pero con mucho mensaje, Corea fue el primer escenario de un Alcaraz que inicia nuevo camino sin perder su esencia competitiva.