Los vecinos de Rincón de Beniscornia (Murcia) viven desde hace años con miedo e indignación ante la situación que genera un perro de raza pitbull, considerada potencialmente peligrosa, que se escapa con frecuencia de una finca privada sin reunir las condiciones de seguridad exigidas por la normativa.
Según relatan los afectados, no se trata de un hecho puntual, sino de un problema reincidente que ha provocado numerosos ataques a vecinos, adultos, animales y, recientemente, a menores. El episodio más reciente tuvo lugar el Día de Reyes, cuando varios niños jugaban tranquilamente en el carril residencial con sus bicicletas nuevas.
Un ataque que pudo acabar en tragedia
Uno de los vecinos explica que, mientras sus hijos y nietos jugaban, el perro se escapó de la finca y se lanzó directamente hacia uno de los menores. El padre logró reaccionar a tiempo y apartar al niño, mientras otros familiares acudían en su ayuda. El incidente derivó en una discusión con el propietario del animal, que salió de la vivienda tras el ataque.
Otro afectado asegura que tanto él como uno de sus nietos fueron atacados, y que su hijo también sufrió una mordedura en un episodio anterior, hechos que ya han sido denunciados. “El perro se engancha sin que nadie le haga nada. Ataca directamente”, lamenta.
Un recinto sin medidas de seguridad
Los vecinos coinciden en señalar que el vallado y el recinto donde se encuentra el animal no cumplen las condiciones de seguridad que exige la ley para este tipo de razas. La finca, de grandes dimensiones, facilita que el perro encuentre huecos para escapar, lo que ocurre “cada dos por tres”, según relatan.
Cuando el animal se fuga, lo hace sin bozal, ya que se escapa desde el interior de la propiedad, lo que incrementa el riesgo. Un veterinario vecino de la zona llegó incluso a grabar uno de estos episodios, prueba de la frecuencia y peligrosidad de la situación.
Numerosas víctimas y denuncias insuficientes
A poco que se pregunta en la zona, aparecen numerosos testimonios: un ciclista al que el perro destrozó la bota, una mujer cuyo perro fue atacado durante un paseo, y varios vecinos que evitan pasar por el carril por miedo.
Pese a ello, no todos los afectados han denunciado, lo que ha contribuido a que el problema se prolongue en el tiempo. Los residentes critican que, a pesar de llevar años ocurriendo, no se haya actuado con contundencia contra el propietario, responsable legal del animal.
Un carril residencial convertido en zona peligrosa
El escenario resulta especialmente preocupante porque se trata de un carril solo para residentes, tranquilo y sin tráfico, habitual para pasear, ir en bicicleta y que jueguen los niños. Muchos vecinos lo utilizan además como atajo para evitar la carretera de La Ñora, con un tráfico intenso.
“Para evitar los coches acabamos encontrándonos con el perro. Es pasar de Guatemala a Guatepeor”, resume uno de los residentes.
Algunos abuelos han dejado de recibir la visita de sus nietos y varias familias optan por no salir de casa por temor a un nuevo ataque. “Es una zona ideal para disfrutar de la huerta murciana, pero vivimos con miedo”, explican.
Temor a una desgracia mayor
Los vecinos insisten en que no buscan represalias, sino evitar una tragedia. Reclaman que se adopten medidas urgentes, ya sea mediante sanciones administrativas o exigiendo al propietario que adecue el recinto y garantice que el perro no pueda escapar.
“El problema viene de largo y es reincidente. Aquí hay muchos niños pequeños. Tememos que un día ocurra algo irreparable”, concluyen.
Mientras tanto, el miedo sigue presente en este rincón de la huerta murciana, donde lo que debería ser un espacio seguro y familiar se ha convertido en una zona de riesgo constante.