El expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los episodios más dolorosos para la afición del Real Murcia: el descenso administrativo de 2014. Lo ha hecho en una entrevista en el pódcast 'La Pura Verdad', con Ramón Caparrós, en la que reconoce que LaLiga ganó el caso en los tribunales, pero cuestiona la manera en la que se actuó y apunta directamente a Javier Tebas.
Rubiales asegura que conoce el caso “muy bien” y que incluso estuvo presente en uno de los juicios relacionados con el descenso grana. “Estuve en los juicios, en uno de ellos personalmente”, afirma, recordando además que AFE, el sindicato de futbolistas entonces presidido por él, se posicionó entonces junto al club murciano.
“El Murcia ganó en primera instancia, pero al final ganó la Liga”
El exdirigente federativo explica que el Real Murcia logró inicialmente una resolución favorable, aunque finalmente LaLiga se impuso en el último recurso. “Eso hay que reconocerlo”, señala Rubiales, que evita cuestionar el fallo judicial.
Según su versión, el problema no fue únicamente jurídico, sino la forma en la que se gestionó el conflicto. “No mala fe, pero sí las formas”, resume, dejando claro que Tebas tenía legitimidad para llegar hasta el final, pero que muchos sintieron que al Murcia no se le trató con el respeto debido.
“La afición habría aceptado otra cosa si hubiera visto mala gestión”
A su juicio, el murcianismo habría aceptado responsabilidades internas si hubiera percibido una mala actuación por parte del club, pero ocurrió lo contrario.
“Las explicaciones del club convencieron”, sostiene, y añade que la enquina y las formas de Javier Tebas acabaron situándolo como principal antagonista del proceso a ojos de la grada.
El beso a Jenni Hermoso: "No me arrepiento"
En la entrevista, Rubiales se reafirma sin matices en su versión sobre el beso a Jenni Hermoso y deja una de las frases más controvertidas de toda la conversación: “No me arrepiento”. El expresidente de la RFEF insiste en que fue “un beso de alegría entre dos amigos”, que hubo consentimiento y que en ningún momento existió “intención sexual”, algo que considera clave desde el punto de vista legal. Reconoce que fue un error “protocolario”, pero rechaza pedir perdón y asegura que no ha cambiado su versión “ni un ápice” desde el primer día.
Rubiales va más allá y acusa directamente a la jugadora de no decir la verdad, afirmando que ella le respondió “vale” cuando le pidió darle un beso y que ambos “lo saben”. Asegura que el caso fue utilizado políticamente desde el primer momento, señalando a miembros del Gobierno y al feminismo radical como responsables de haber convertido el episodio en una “bola de nieve” mediática. “Los políticos entraron desde el primer momento y eso hay que dejarlo bien claro”, sostiene, convencido de que el beso fue el detonante de una operación destinada a forzar su salida de la Federación.
Niega las irregularidades y carga contra el Gobierno
Durante la entrevista, Rubiales carga duramente contra el Gobierno y asegura que su salida de la Federación no fue una dimisión voluntaria, sino el resultado de presiones políticas directas. Afirma que, tras su inhabilitación, recibió mensajes en los que se le advertía de que, si no dimitía, “iban a hacer la vida imposible” a todo su equipo. Según su relato, acabó dando un paso al lado para proteger a personas de su entorno, aunque sostiene que finalmente “fueron a por ellos igualmente”, asegurando que varios cargos acabaron fuera de la Federación.
Rubiales también se muestra contundente al negar cualquier irregularidad económica durante su mandato y reivindica que Hacienda concluyó que todo su patrimonio es legal, tras una inspección que califica de “firme”. En ese contexto, defiende la operación de la Supercopa en Arabia Saudí, aportando cifras concretas y asegurando que fue “la mejor oferta económica” para el fútbol español, con un contrato de 40 millones de euros más gastos. Además, niega que la Federación pagara dinero a la empresa de Gerard Piqué y sostiene que no existió conflicto de intereses, insistiendo en que “nadie ha demostrado jamás” que se haya llevado “ni un solo céntimo”.