En el corazón de El Siscar, una pedanía del municipio murciano de Santomera, el teatro no solo sobrevive, sino que florece con más fuerza que nunca. Desde 1910, este pequeño rincón de huerta ha mantenido viva una tradición escénica que ha unido a generaciones enteras.
Lo que comenzó como representaciones en condiciones precarias —sin escenario ni electricidad— evolucionó con los años hasta convertirse en una auténtica referencia cultural local. En 2007, se inauguró una nueva infraestructura dedicada al teatro, una apuesta firme por la cultura y la participación ciudadana.
“Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo”, decía García Lorca. En El Siscar, esa sentencia sirve como inspiración más que advertencia.
Durante la década de los 90, el movimiento juvenil La Colmena impulsó una nueva ola de interés por el teatro. De ahí surgió una segunda generación de actores conocidos como “los chiquillos del Siscar”, quienes llevaron sus obras a pueblos vecinos, ganándose elogios por su talento.
El actual teatro, adaptado por el escenógrafo Paco Leal con un presupuesto inferior a 30.000 €, se ha consolidado como un espacio multifuncional y de gran valor social. No es solo un lugar para actuar, sino un punto de encuentro intergeneracional y herramienta educativa que vertebra la vida cultural del pueblo.
Hoy en día, la demanda por participar en el teatro es tan alta que existe lista de espera. Jóvenes y adultos se reúnen con entusiasmo en cada estreno, confirmando que en El Siscar, el teatro es mucho más que espectáculo: es identidad, memoria y esperanza.
“Yo creí honradamente que El Siscar se merecía tener esto”, afirma uno de los protagonistas del vídeo. Y no se equivoca: el teatro de El Siscar demuestra que la cultura popular no está ni muerta ni moribunda. Está en su mejor momento.