SALUD

No es solo comer sano: cuándo la dieta forma parte del tratamiento médico

Dr. Álex Yáñex, Director del Máster en Nutrición Clínica de ENFAF
Dr. Álex Yáñex, Director del Máster en Nutrición Clínica de ENFAF

Durante mucho tiempo, la alimentación ocupó un papel secundario en la consulta médica: un consejo genérico —"coma sano", "baje la sal"— que acompañaba al tratamiento de verdad, el de los fármacos. Esa visión ha quedado atrás. En un número creciente de enfermedades, la dieta no es un añadido, sino una parte del propio tratamiento, y con evidencia científica que lo respalda.

Es el terreno de la nutrición clínica: la disciplina que aplica la alimentación a la prevención y al abordaje de las patologías. No sustituye a la medicina, pero trabaja codo con codo con ella y, en algunos casos, su papel resulta tan decisivo como el de un medicamento.

De consejo a tratamiento

El cambio de fondo es conceptual. La investigación de las últimas décadas ha demostrado que lo que comemos influye directamente en el curso de muchas enfermedades: puede mejorar el control de una patología, frenar su progresión, reducir complicaciones e incluso prevenir su aparición. Por eso la nutrición ha pasado de ser una recomendación de estilo de vida a integrarse en los protocolos clínicos, con planes individualizados y objetivos medibles.

Cuando la dieta es parte de la medicina

Los ejemplos son numerosos y abarcan las enfermedades más frecuentes. En el terreno cardiovascular, la evidencia es contundente: el estudio español PREDIMED, uno de los mayores ensayos de nutrición del mundo, demostró que una dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva virgen extra o frutos secos reduce alrededor de un 30% el riesgo de sufrir un infarto, un ictus o morir por causa cardiovascular en personas de alto riesgo. La dieta mediterránea es hoy el patrón alimentario mejor respaldado por la ciencia para cuidar el corazón.

En la diabetes tipo 2, la alimentación es una pieza central del tratamiento: influye de forma directa en el control de la glucosa y, junto a la pérdida de peso, puede mejorar la enfermedad hasta el punto de reducir la necesidad de medicación en algunos pacientes. En la enfermedad renal crónica, ajustar la ingesta de proteínas, sodio, potasio o fósforo ayuda a frenar la progresión y a controlar las complicaciones. Y en trastornos digestivos como la enfermedad celíaca, la dieta ni siquiera acompaña al tratamiento: es el tratamiento, ya que la eliminación estricta del gluten es la única terapia eficaz.

A esa dimensión terapéutica se suma la preventiva. El propio PREDIMED observó que quienes seguían la dieta mediterránea desarrollaban menos casos de diabetes tipo 2 e hipertensión, lo que ilustra que una buena alimentación no solo trata la enfermedad ya presente: también reduce la probabilidad de que aparezca. La obesidad es quizá el ejemplo más claro de esa doble cara, al ser a la vez una enfermedad en sí misma y la puerta de entrada a muchas otras.

La otra cara: la desnutrición que agrava la enfermedad

La nutrición clínica no solo se ocupa de qué comer, sino de garantizar que el paciente se alimenta lo suficiente. La desnutrición relacionada con la enfermedad es un problema frecuente y a menudo invisible, sobre todo en personas mayores, hospitalizadas o en tratamiento oncológico. Un paciente desnutrido se recupera peor, tolera peor los tratamientos y sufre más complicaciones. Por eso el soporte nutricional se considera hoy parte del abordaje clínico, y no un detalle secundario.

Una disciplina que exige especialización

Todo esto convierte la nutrición clínica en una disciplina compleja, muy alejada del consejo dietético general. Diseñar la alimentación de un paciente con una o varias patologías exige conocer la fisiología de la enfermedad, las interacciones con los fármacos y las necesidades individuales de cada persona. Es un trabajo que corresponde a profesionales formados —dietistas-nutricionistas y médicos— integrados en equipos multidisciplinares.

Ese carácter especializado explica el crecimiento de la formación centrada en la nutrición aplicada a patologías, un campo que gana peso a medida que la evidencia confirma, enfermedad a enfermedad, que cuidar la alimentación es también cuidar el tratamiento. Un impulso que también tiene acento murciano: academias nacidas en la Región de Murcia, como ENFAF, se han especializado en este tipo de programas de ciencias de la salud y hoy forman a más de 100.000 alumnos de España y de Latinoamérica, sobre todo del ámbito hispanohablante. Una muestra de cómo un conocimiento antes muy localizado ha dejado de entender de fronteras.

La idea de que la comida "ayuda" a estar sano no es nueva. Lo que ha cambiado es el respaldo científico: hoy sabemos, con datos, que en muchas enfermedades la dieta forma parte del tratamiento y no de los buenos propósitos. Entenderlo —y ponerse en manos de profesionales cualificados— es la mejor forma de aprovechar todo su valor terapéutico.