UCAM Murcia CB no ganó un partido. Lanzó otro aviso a la Liga Endesa. El equipo de Sito Alonso venció a Unicaja en un Palacio entregado y volvió a demostrar por qué Murcia se ha convertido en una de las pistas más salvajes del campeonato.
El encuentro empezó con una declaración de intenciones. Intensidad atrás, ritmo alto y una agresividad competitiva que desbordó a Unicaja desde el salto inicial. El UCAM mordía cada posesión y corría cada recuperación como si el partido dependiera de ello. Y durante muchos minutos, así pareció.
Ahí emergió un nombre por encima del resto: Jonah Radebaugh. El capitán incendió el primer cuarto con una salida arrolladora, sumando puntos, rebotes y energía competitiva en cada acción. A su alrededor, Sander Raieste dominó el rebote y convirtió la pintura en territorio universitario. El parcial al cierre del primer cuarto lo decía todo: 35-17.
Pero los grandes equipos siempre reaccionan. Y Unicaja lo hizo. El acierto murciano bajó en el segundo cuarto y los malagueños empezaron a encontrar ritmo desde la circulación y el tiro exterior. Poco a poco fueron limando diferencias mientras el partido se acercaba a ese terreno incómodo donde el talento individual pesa más.
Otra vez apareció Radebaugh para sostener al UCAM cuando peor pintaba el momento. Aunque el golpe psicológico llegó justo antes del descanso, con un triple de Kendrick Perry sobre la bocina que dejó vivo a Unicaja y cambió la sensación del partido antes de vestuarios.
Tras el descanso tocaba resistir. Unicaja salió decidido a castigar las dudas ofensivas del UCAM y el encuentro entró en una fase mucho más física y táctica. El equipo murciano ya no encontraba la fluidez del inicio, pero sí algo igual de importante: capacidad para sufrir.
En medio de ese intercambio de golpes apareció Travis Trice Forrest con un triple clave que dio oxígeno al Palacio y frenó el intento de remontada visitante. Porque cada vez que Unicaja amagaba con romper el partido, Murcia respondía desde el carácter.
Y entonces llegó el último cuarto. El momento donde este UCAM suele crecer. El Palacio apretó, la defensa subió un punto más de agresividad y David DeJulius decidió divertirse. Dos acciones consecutivas del base levantaron a toda la grada y terminaron de romper a un Unicaja que ya no encontró respuesta.
Mención especial también para Moussa Diagne, símbolo emocional de un equipo que volvió a jugar con esa mezcla de energía y locura competitiva que convierte al Palacio en algo más que una pista.
El 87-69 final no fue casualidad. Fue otra demostración de fuerza. Otro encuentro en la que el UCAM convirtió el baloncesto en una cuestión de intensidad, orgullo y atmósfera. Y cuando eso ocurre en Murcia, muy pocos equipos salen vivos.