La vivienda se encarece en la Región de Murcia y empuja a buscar alternativas fuera del mercado tradicional
Acceder a una vivienda en la Región de Murcia es cada vez más complicado. Comprar un piso de tipo medio exige ya el equivalente a cinco años de sueldo íntegro, en un contexto marcado por el encarecimiento de la obra nueva y una oferta claramente insuficiente. Los precios rozan máximos previos a la crisis de 2008 mientras la construcción no logra seguir el ritmo de la demanda: por cada diez viviendas que se venden, solo se termina una nueva.
El precio del metro cuadrado de obra nueva se sitúa en torno a los 1.560 euros en la región, una cifra algo inferior a la media nacional, que ronda los 2.200 euros, pero que no frena la escalada. Pese a ello, el mercado sigue activo y las operaciones de compraventa han aumentado un 18%, con Cartagena, Murcia y San Javier a la cabeza de los municipios con la vivienda más cara.
Ante este escenario, proliferan fórmulas alternativas. Una de las que más crece es la conversión de bajos comerciales en viviendas. En apenas dos años, este tipo de transformaciones se ha duplicado. Solo en Murcia se concedieron 241 licencias para cambio de uso residencial en 2024, una cifra que se disparó hasta las 548 en 2025. Se trata de locales que, tras una reforma, pasan a venderse como viviendas, siempre que cumplan requisitos técnicos como fachada mínima, entrada de luz natural, condiciones de inundabilidad y cédula de habitabilidad.
Este modelo responde tanto a la alta demanda como a la búsqueda de soluciones rápidas y más asequibles. Muchos propietarios optan por esta vía tras malas experiencias con el alquiler de locales, mientras inversores y compradores ven una oportunidad con altos retornos y una salida habitacional en un mercado tensionado.
Más allá de los bajos reconvertidos, ganan peso otras opciones no convencionales. Casas prefabricadas, contenedores adaptados, viviendas cápsula o incluso autobuses reconvertidos se abren paso como alternativas especialmente atractivas para los más jóvenes. Las opciones más económicas parten de los 20.000 o 25.000 euros y ofrecen, según los expertos, prestaciones similares a una vivienda tradicional, con mayor eficiencia energética y la posibilidad de ser trasladadas.
La demanda de estas soluciones es tan elevada que algunos anuncios en redes sociales acumulan cientos de miles de visualizaciones. Para muchos, no se trata ya de una rareza, sino de una respuesta real a un problema estructural. Un cambio de mentalidad que apunta a que estas fórmulas, hoy alternativas, podrían convertirse en una parte relevante de las viviendas del futuro.
Las subastas públicas de vivienda son otra vía a tener en cuenta. La oferta creció un 53,47% en 2025 según Subastas.io y aunque los precios tampoco escapan a la tendencia del mercado, con una subida del 3,40%, siguen permitiendo acceder a inmuebles por debajo del mercado, siempre que se verifique el estado de la propiedad y las posibles cargas del inmueble.