La noche en que la Sardina desafió al fuego
Murcia, primavera encendida.
La ciudad, vestida de fiesta, ardió de emoción antes de arder —o casi— en llamas. El Entierro de la Sardina 2025 cerró las Fiestas de Primavera con ese estallido de júbilo, pagano y familiar, que solo en esta ciudad se sabe conjugar. Bajo un cielo de papelillo y estruendo, cientos de miles de personas abarrotaron las calles, dejando que la música, el bullicio y la nostalgia de la infancia se apoderaran de la noche.
Desde la Avenida de San Juan de la Cruz hasta la Plaza Martínez Tornel, un desfile de magia rodante, de tambores, máscaras y fuegos, fue avanzando con solemnidad festiva. Más de 400 sardineros, agrupaciones venidas de toda España y comparsas de ecos internacionales repartieron dos millones de juguetes: munición de alegría para una ciudad que, aunque sabe de penas, elige siempre la sonrisa.
Tomás Vicente Vera y Lidia Torrent, Gran Pez y Doña Sardina de este año, fueron las estrellas de la comitiva en una danza entre la tradición y el desenfreno.
En el corazón de la noche, aguardaba el catafalco. Obra del artista Pepe Yagües, la sardina se alzaba orgullosa: roja y desafiante entre dos pilares azules, protegiendo en su interior una nereida de acero galvanizado, símbolo de la belleza que se niega a perecer. El fuego, que debía consumirla en un acto de purificación, encontró resistencia. La sardina, como queriendo aferrarse a su propia memoria, se negó a arder del todo. Ni la llamarada ni la intención lograron doblegarla. Al final, fueron los bomberos, entre vítores y carcajadas, quienes, a golpe de grúa, derribaron la resistencia más poética de la noche.
Murcia, entre asombros y carcajadas, cerró así su primavera más intensa.
El cielo, herido de fuegos artificiales, puso el punto final a una noche que, como todas las verdaderamente grandes, no cabe del todo en las palabras.