MASA FORESTAL

La Región actúa sobre 450 hectáreas en Cehegín, Ricote y Bullas contra plagas forestales

Operarios ejecutando actuaciones de emergencia en los montes de Ricote.
El Gobierno regional destina casi 1,2 M€ de fondos Next Generation a frenar el decaimiento de los pinares en tres municipios del interior de la Región, con intervenciones de emergencia que incluyen cortas selectivas, bioseguridad y teledetección.

La Consejería de Medio Ambiente, Industria, Universidades, Investigación y Mar Menor ejecuta actuaciones de emergencia en montes de Cehegín, Ricote y Bullas para contener el avance del decaimiento forestal y las plagas asociadas al debilitamiento de las masas arboladas. El proyecto, financiado íntegramente con fondos Next Generation, tiene un presupuesto de 1.191.999 euros y actúa sobre una superficie de más de 450 hectáreas repartidas entre montes gestionados por la Comunidad Autónoma y montes municipales.

Las intervenciones se distribuyen en dos grandes bloques: 351,63 hectáreas correspondientes a montes de titularidad autonómica y otras 100 hectáreas de montes municipales del término de Cehegín. La iniciativa se enmarca en la estrategia regional para reforzar la resiliencia de los montes mediterráneos ante episodios de sequía prolongada, pérdida de vigor vegetal y proliferación de organismos nocivos.

Las zonas de actuación

Los espacios forestales incluidos en el proyecto son de referencia en sus respectivos municipios. En Cehegín se actúa sobre Coto Real, Sierra Burete y Solana de Romero. En Bullas, la intervención se concentra en El Castellar. En Ricote, los trabajos afectan a la Sierra Ricote, uno de los enclaves naturales más representativos del Valle de Ricote.

Todos estos espacios forman parte de montes de utilidad pública y, en varios casos, están integrados o conectados con la Red Natura 2000, lo que condiciona los criterios técnicos de intervención y exige medidas específicas de minimización de impactos ambientales.

Por qué es urgente actuar

El decaimiento forestal no es un fenómeno aislado: la combinación de sequías recurrentes y temperaturas extremas debilita las masas arboladas y las hace vulnerables a la acción de insectos perforadores y otros agentes nocivos que, en condiciones normales, no lograrían establecerse con la misma intensidad. Cuando el arbolado pierde vigor, la cadena de daños se acelera: los árboles afectados generan combustible seco que incrementa el riesgo de incendios forestales si no se retira de forma planificada.

Esta dinámica justifica el carácter de emergencia del proyecto. Sin intervención, las plagas pueden expandirse a rodales sanos y comprometer la estabilidad de masas forestales que, en muchos casos, protegen suelos, cuencas hidrográficas e infraestructuras rurales.

Qué trabajos se realizan

El núcleo técnico del proyecto es la sanidad forestal: identificación, marcaje y gestión del arbolado dañado por plagas, decaimiento fisiológico o riesgo biológico. Las actuaciones concretas incluyen la corta selectiva de ejemplares afectados, el descortezado, la trituración y el tratamiento sobre el terreno de los restos vegetales para eliminar focos de infección.

Paralelamente, se desarrollan labores de selvicultura preventiva que buscan mejorar las condiciones del conjunto del monte y reducir su exposición futura a nuevos episodios de debilitamiento. Se incluyen también actuaciones en márgenes de caminos, pistas forestales y zonas de uso público, donde se retirará el arbolado en mal estado o en situación de riesgo para infraestructuras y personas.

Las técnicas de bioseguridad forestal constituyen otro eje central: los tratamientos aplicados sobre la madera afectada y la gestión controlada de los restos vegetales tienen como objetivo limitar la dispersión de los agentes nocivos a zonas no afectadas.

Tecnología al servicio del monte

El proyecto incorpora un sistema de seguimiento y evaluación adaptativa que combina teledetección, análisis de series temporales e indicadores sanitarios. Este enfoque permite priorizar las zonas de intervención en función de la evolución real del monte, ajustar los trabajos durante la ejecución y mejorar la toma de decisiones sin depender exclusivamente de inspecciones sobre el terreno.

La Dirección General de Patrimonio Natural y Acción Climática ha coordinado la ejecución de la iniciativa, que incluye además medidas específicas de protección ambiental y seguimiento de posibles afecciones sobre los espacios de la Red Natura 2000 presentes en el área de intervención.